Bueno, amigos, esta semana me he decidido a poneros una serie de cuentos más o menos breves, en una especie de auto-antología. La mayoría han sido publicados en fanzines y revistas, pero no por ello dejan de ser una rareza (lo mío son las historias largas). Los iré colgando diariamente, del más antiguo al más reciente.
En fin, espero que os gusten.
MI OREJA
Joder, cómo me pica la oreja. No sé de qué me sorprendo, siempre me suele picar a estas horas. Bueno, cuando mi novia me daba lengüetazos por las tardes, entonces no.
Pero ahora me pica la oreja. No me gusta rascarme, me siento un perro sarnoso. ¿Tendré alguna alergia? ¿Mi antigua novia tiene poderes curativos en la saliva? No te puedes ni imaginar cómo me pica la puta oreja, ni oír puedo ya. Me estoy poniendo histérico, este picor me está matando.
Cuando era pequeño también me picaba la oreja y lloraba mucho, entonces mi madre me daba una hostia porque no la dejaba hablar con la vecina tranquilamente. Es curioso pero con aquellas hostias dejaba de picarme la oreja. Yo no me atrevo a darme una hostia, no soy tan gilipollas. A lo mejor voy a ver a mi madre...
Y venga a picarme. Froto la oreja contra la pared en busca de un poco de reposo pero así sólo consigo que me pique más.
A la mierda con mis principios, me voy a rascar porque no me aguanto. No ocurre nada, la oreja me pica como si tuviese un ejército de hormigas rojas de esas que salen por la tele dándome bocaos. Mírame, parezco un chucho con pulgas. Me rasco con todas las uñas de mi mano derecha y ni aún así me alivio, ¡qué tortura!.
Recuerdo que el médico de mi barrio me dijo que ese picor no era más que estrés, algo psicológico, pero qué va a decir él, si es un borrachuzo de la seguridad social (si me mandó supositorios una vez que estaba constipado, cuando todo el mundo sabe que no hay nada mejor que los sobres esos naranjas). ¿Me estaría llamando loco? El picor es muy real, lo estoy sintiendo ahora mismo. No me deja ver la tele, no me deja pensar y lo único que puedo hacer es rascarme como un poseso.
Nunca me había picado de esta manera, os lo juro. Hay que sentirlo, no podría ni en un millón de años describir este picor de oreja. Me pica por detrás, por delante y por dentro de la oreja, que ya está tan roja como un pimiento. Creo que debe ser cosa del martillo ese, ya que mi abuelo era herrero allá en el pueblo y quizás se trate de alguna maldición gitana o algo así. Yo no creo en esas cosas pero es que mi abuelo era el más cabrón del pueblo y no me extrañaría que les hubiese hecho alguna buena a los gitanos esos de los carromatos de entonces.
Ya no sé qué pensar.
Joder, que me estoy meando. Voy corriendo al váter a castigar la porcelana.
(Es curioso, pero cuando me entran así las ganas de mear se me quita el picor. Será cosa de beber más agua.)
Albacete, 1994 o así. Publicado en Fábulas Normales

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados